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Hace unos meses en el diario Gara leí algo en un artículo del barakaldarra y compañero Iker Casanova y desde entonces cíclicamente le suelo dar vueltas a la cabeza ya que en cierta manera me perturbó. Aunque no estoy seguro si el verbo exacto es perturbar, en cualquier caso me causó preocupación.
Concretamente me refiero a cuando afirma que quizás de ahora en adelante, tras ciertas variaciones estratégicas de la izquierda abertzale, iba a ser menor el componente emocional de la lucha, lo que en consiguiente puede suponer para algunos una razón para un menor grado de motivación.
De la experiencia que tengo quizás podría decir que la izquierda abertzale de ezkerraldea puede que sea una de las más emotivas de Euskal Herria, su carácter obrero, popular y pegado al terreno, además en unas condiciones ciertamente adversas, siempre me ha hecho percibirla así. Y es que sin salir de Barakaldo nos encontramos también con la figura de Periko Solabarria, uno de los ejemplos que personifica muy bien todo esto que estoy comentando. Recientemente acudía a recibir un premio en el reparto de “jolines” que desde hace años se realiza al término de las festividades del Carmen y lo hacía descalzo y con un cartel en la mano en contra de la pobreza y los recortes.
No recuerdo exactamente quien ni enmarcado en que debate aunque creo recordar que también desde una zona obrera, pero en este caso de la otra margen del nerbion, hace tiempo alguien dijo algo así como que el mero hecho de ser simpatizante de HB para la población en general era causa de sangre, sudor y lágrimas, lo cual en ese momento levantó rumor en los asistentes incluso una carcajada en diferentes secciones de la sala. Sin embargo en otras silencio. Y es que había gente de toda Euskal Herria prácticamente.
En una entrevista reciente publicada en este blog a un brigadista argentino y combatiente en la guerrilla del FSLN en la revolución sandinista sentenciaba que en 1980, producto de la inmensa campaña de alfabetización realizada, el sandinismo terminó por ganar el corazón de su pueblo.
Es difícil ganar el corazón del pueblo cuando éste se encuentra miedoso, herido o dormido y sobre todo es muy dificil conquistar ese corazón sin emotividad y emoción en la lucha. Se pueden ganar votos de múltiples maneras pero solo ganando corazones es como se avanza en la lucha e incluso ganarlos en condiciones adversas es donde se forjan juramentos muy difíciles de romper.
La izquierda abertzale ha pasado por todo durante estas últimas décadas, jamás deberíamos olvidar ni por un instante todos los sentimientos acumulados en el camino ni dejar que nadie ni nada nos los roben. Perder progresivamente la emotividad en la lucha puede resultar en derrota fatal. Quizás deberíamos bajarnos un poco de tanta macropolítica y al igual que Periko descalzarnos para de esta manera ganar el corazón del pueblo. Ya que desde la humildad y la “alpargata” ese corazón puede ser ganado y no tanto desde la moqueta.
Tanto la rabia y el odio a la opresión como la alegría y el amor hacia el pueblo y al desfavorecido no deben desaparecer. No deben desaparecer los sentimientos en función de cálculos políticos sino fundirnos con la gente y dar una respuesta directa y real a las necesidades existentes de la clase trabajadora de este país, usando el cerebro pero sin aparcar un ápice el sentimiento. Y es que pese a la dureza de la lucha que erosiona y endurece corazones, en ellos llevamos el nuevo mundo con el que soñamos. Así que hagámonos un favor y dejémoslo latir con fuerza. Gora Euskal Herriko borrokalariak! |