Una de las cosas que está clara en la confrontación que se libra actualmente en Venezuela, es que la actual dirigencia de la oposición, agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), busca derrocar al Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros. No cree en el diálogo propuesto por el gobierno ni en la mediación que, tanto el Vaticano como importantes actores dela socialdemocracia internacional y regional, han ofrecido.

Y, finalmente, no cree en la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente hecha por el presidente Maduro, que plantea entre sus objetivos estratégicos reafirmar los valores de la justicia y ganar la paz. No cree en el diálogo porque no quiere dialogar. Porque está en el camino de la insurrección de derecha y tiene la certeza que pueden lograr el derrumbe del Gobierno en el corto plazo y, con ello, la derrota moral del chavismo y del bolivarianismo.

Se ha hecho evidente que dicha hoja de ruta está coordinada políticamente con el Departamento de Estado estadounidense, y operativamente con el Comando Sur. Es un tablero mundial donde ellos, la MUD, son el instrumento de los poderes fácticos que están tras bastidores de la escena principal. Detrás de lo aparente, expresado en el guión de confrontación de la oposición venezolana, están agentes del capitalismo mundial, representado por las grandes corporaciones trasnacionales, donde resaltan –entre otros- las compañías petroleras y el capital financiero internacional.

El objetivo es debilitar o desmantelar el Estado venezolano y que la República pueda ser sujeto dócil de la influencia de los intereses de los capitalistas nacionales y de intervención de los imperialismos norteamericano y europeo. En el logro de esta estrategia, han intentado en vano horadar a la Fuerza Armada Bolivariana, y con ello a la unión cívico-militar, buscando una fisura que provoque un goteo que llegue a desbordar la situación política y derive en una destitución o renuncia presidencial.

Cuatro años buscando la caída

La actitud insurreccional de la MUD es un escenario que eligió desde su derrota electoral en abril de 2013, cuando Nicolás Maduro fue elegido Presidente constitucionalde la República. Desde febrero de 2014, está claro que profundizan la estrategia de maniobrar en dos frentes operativos, uno es la actuación política que le permite el marco legal e institucional y el otro frente es el militar.

En el frente político-legal, se declaran en abierto desacato a los otros poderes institucionales tales como el Tribunal Supremo de Justicia, el Ejecutivo Nacional, al Consejo Nacional Electoral. En el caso del Poder Ejecutivo, en febrero de 2016, le dan al Presidente de la República un ultimátum de seis meses y a inicios de 2017, “deciden” sudestitución por “abandono del cargo”. Tratando de mantener en la calle a sus partidarios, convocan manifestaciones cuya ruta apuntaba hacia instituciones claves dentro de los poderes públicos, promoviendo su asedio.

El segundo frente de la estrategia insurreccional, el militar, fue reactivado en abril de 2017, luego de fracasar su primera modalidad en 2014, y cuando terminó detenido y sentenciado su principal convocante para aquél momento, Leopoldo López. Tratando de sembrar el caos, odio y terror buscan crear al mismo tiempo el impacto mediático internacional, fomentando la desmoralización del contrario y la justificación de la intervención foránea.

La instrucción ha sido, a partir de la mayoría conquistada en el poder legislativo, impedir gobernar al presidente Nicolás Maduro y al mismo tiempo desarticularlos otros poderes que sostienen la legalidad de la democracia venezolana.

La democracia que le gusta al Capital

Para estos sectores políticos coordinados en la MUD, y para los poderes fácticos que dominan el patrón de acumulación del capitalismo dependiente y petrolero venezolano, la democracia occidental y liberal sólo “funciona” para lo que se creó, es decir: sólo es legítima mientras sea comandada por sectores políticos que defienden los intereses de los capitalistas nacionales e internacionales. Cualquier accidente, donde el voto popular coloque en el mando del gobierno a sectores progresistas, nacionalistas y socialistas, debe ser corregido inmediatamente.

La democracia entendida de esta manera, sólo sirve para administrar el poder económico y social de los sectores fácticos presentes en el patrón de acumulación que rige en ese momento al capitalismo dependiente. Lo que se salga de esta regla, es considerado un system failure que debe ser corregido con premura. En el caso venezolano, los poderes fácticos llevan casi 19 años tratando de “reparar la falla”desde que, en 1998, Chávez triunfó en las elecciones presidenciales.

La escalada de violencia contrarrevolucionaria

Los resultados de esta confrontación, que persigue legitimar la violencia como recurso para destituir a un gobierno elegido por el voto popular son trágicos, considerando las vidas humanas que se han perdidodesde que, en el mes de abril, la dirigencia de la MUD anuncióuna ofensiva final. El plan global se corresponde con una estrategia de guerra que combina la utilización de la violencia callejera en algunas ciudades y pocos municipios controlados por la oposición, la utilización de contingentes paramilitares (especialmente en la frontera con Colombia, pero con presencia en zonas periféricas de Caracas y en grandes barriadas) y de bandas criminales (bacrim), la destrucción de infraestructura económica, militar y de servicios sociales, y el intento de bloquear el suministro de alimentos del circuito agrícola vegetal andino y de la producción cárnica proveniente del interiordel país.

Algunas operaciones han dejado claro la forma en que gobernarían si llegan a alcanzar los objetivos trazados, tal es el caso en la imposición temporal de Estados de Sitio en algunos territorios donde ensayaron con la población el control social basado en el terror y el autoritarismo.

En tales operaciones de control social, destaca la vulneración de derechos fundamentales de las personas, con especial atención en la afectación del derecho a la educación de los niños, niñas y adolescentes.

Todo parece indicar que la oposición no se conformará con destituir al gobierno sino que pretende “extraer” quirúrgicamente al chavismo, buscando con ello neutralizar toda la historia acumulada en estas casi dos décadas, trabajando afanosamente para que dicha experiencia quede registrada en el sentido común (nacional, regional e internacional) como un “mal ejemplo” que no debe repetirse.

El contexto geopolítico de la agresión y de la intervención imperialista

Reducir el coste laboral, garantizar el acceso por parte de estos sectores a las materias primas y a la energía, controlar militarmente el territorio para resguardar su hegemonía mundial y garantizar mercados para sus productos, son algunas de las estrategias de sobrevivencia del capital ante la crisis estructural que viene enfrentando y las particularidades del ciclo largo que está atravesando. Está intentando establecer grandes tratados de libre comercio (TLC) para facilitar esta reestructuración.

La confrontación por Venezuela tiene como objeto no sólo obtener un bajo precio del petróleo, sino principalmente garantizar el acceso a este recurso natural. Venezuela es poseedora de reservas naturales de gran importancia para el autómata global del Siglo XXI. Cuenta, además de grandes reservas de oro y petróleo, con otro tanto de minerales estratégicos. Además, posee agua y reservas vegetales. La economía venezolana es clave para el actual reacomodo estructural del capitalismo mundial.

Esto significa que, detrás de los actores aparentes del conflicto político venezolano (la MUD, Almagro-OEA, entre otros) se agazapan los actores fundamentales como las grandes trasnacionales del petróleo, la banca de inversión y aquellas corporaciones mundiales que pueden beneficiarse de los recursos naturales y especialmente los minerales.

En el fondo, la confrontación que se expresa en el plano político como una insurrección de la derecha, es en realidad una faceta de la confrontación política por el control de la renta petrolera y, específicamente, por el dominio político del aparato del Estado. Esto lleva aparejado la intención de recuperar el control pleno de la política económica, junto con las otras políticas públicas, y de las instituciones fundamentales (Petróleos de Venezuela –PDVSA-, Banco Central, Ministerios de la Economía, banca y empresas públicas) que el proceso chavista, a pesar de las grandes limitaciones, ha logrado promover a través de ella una orientación a favor de los intereses nacionales. Para ellos es fundamental desmantelar la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, porque la fidelidad de la MUD es con el Comando Sur y la IV Flota.

De tal manera que, se trata de instalar un Gobierno de transición para el desmontaje del marco legal e institucional que actualmente le concede al Estado la administración soberana de los recursos naturales, que permite a la población trabajadora acceder a la tierra, a la vivienda, a la salud, a la alimentación, a la educación, a la tecnología, al control de la producción.

La internacional del poder mediático y la guerra de 5ª Generación

La batalla contra el chavismo ha requerido de un gran despliegue a escala planetaria, donde las grandes corporaciones trasnacionales mediáticas y hasta la industria cultural y del entretenimiento han participado en una operación coordinada y sincronizada. Estamos frente a una guerra de 5ª generación, donde lo fundamental es controlar la mente de la población, donde los ejércitos invasores desembarcan en el sentido común y en la opinión pública fabricada por los medios masivos de manipulación.

Una agresiva campaña mundial de desinformación busca instalar en el imaginario colectivo las etiquetas de gobierno fallido, represor, dictatorial y vinculado con el narcotráfico. Ningún otro país está sometido a este sitio mediático y a esta agresión simbólica, de manera tan orquestada, para crear un escenario de golpe de estado y de intervención imperial.

Un rasgo importante de la confrontación, que está bajo la vanguardia e influencia ideológica de la ultraderecha dentro de la MUD (Voluntad Popular, Primero Justicia y Vente Venezuela), es su carácter marcadamente simbólico. Legitimando la violencia como forma de lucha, validando a las brigadas de choque como “combatientes” o “justicieros”. Construyéndoles un relato épico con gran influencia en la juventud reclutada, cuyo activismo es reforzado y favorecido por la acumulación de patrones culturales provenientes de la industria del comics, las series estadounidenses, los video juegos y la moda.

Copiando experiencias y manuales de ensayados en otras latitudes (Ucrania, Libia, Yugoeslavia). Arrebatándole la simbología y las banderas tradicionalmente atribuida a la izquierda rebelde. Esto explica la utilización masiva de las herramientas de captación de imágenes y videos. Es una guerra simbólica, en la era de la enajenación masiva y de la sociedad líquida. El campo de batalla se convierte en un escenario manejado con criterios de agencia publicitaria y de la cultura hollywoodiense. De esta forma lo patológico se convierte en lo normal, llegando a extremos como la justificación de la quema o eliminación del oponente.

Lo económico como arma de guerra

La ofensiva insurreccional ha calculado que el deterioro del frente económico contribuirá con la capitulación del gobierno. Venezuela atraviesa una de esas graves crisis de restricción externa que cíclicamente ataca a nuestra economía capitalista dependiente y petrolera. La merma en los recursos provenientes de la exportación petrolera, genera necesidades de financiamiento que no pueden ser cubiertas debido a las condiciones adversas provocadas por un bloqueo financiero. Desde este punto de vista, la MUD le conviene mantener a la Asamblea Nacional en desacato, porque de esta forma paraliza el sistema de aprobación presupuestaria y de créditos públicos.

Importantes voceros económicos de la MUD han declarado que hasta el financiamiento multilateral, como el de la CAF, no podrá ejecutarse. Han recorrido los principales bancos de inversión internacionales para persuadirlos a no participar en financiamientos al gobierno venezolano. El inicio de la ofensiva final, el pasado 19 de abril, estaba sincronizado con el vencimiento de un importante pago de la deuda externa. Contaban que la situación de liquidez limitaría a extremo la capacidad de reacción del gobierno.

La progresiva acumulación, por parte del sector privado, de importantes activos financieros denominados en moneda extranjera, los convierte en parte interesada del ataque cambiario y la fijación ficticia del tipo de cambio, con sus consecuencias perniciosas sobre el nivel de precios, la capacidad de importar y en el abastecimiento de alimentos, medicinas, insumos y equipos. Una aguda distorsión en los precios relativos, hace que los ingresos de los asalariados sean los principales afectados.

El capital financiero, parasitario y especulativo, es uno de los agentes ocultos tras el escenario aparente, el personaje que pocos mencionan y visibilizan, y que termina por condicionar la política económica gubernamental en la medida que es el principal captador de la renta petrolera. Mientras la banca de inversión trasnacional revolotea como buitres, a ver cómo se benéfica del gran reparto.

El control de la producción, la distribución y la comercialización lo mantienen grandes monopolios y oligopolios capitalistas. Eso le da un enorme poder para incidir en la fijación de los precios y en el abastecimiento.

La ofensiva de muerte, odio, racismo, caos y destrucción espera que su principal aliado será el malestar de la población sometida a la inflación, la escasez de alimentos y medicinas, y el agotamiento de horas de vida en colas interminables. Pero hasta ahora, a pesar del descontento por la situación, han logrado sacar a la calle principalmente a los sectores que tradicionalmente los apoyan, sectores de ingresos medios y altos. No han alcanzado la meta de incorporación de amplios sectores de la población, a pesar que esta iniciativa insurreccional ha contado con el sustancial financiamiento proveniente de mecanismos foráneos de injerencia (como la USAID) y del sector privado nacional y regional.

La iniciativa del gobierno de crear los Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), representa una alternativa no sólo económica sino política, porque incorpora a la organización popular en la ejecución de políticas frente al poder de económico de los capitalistas y frente a la perversa red de distribución informal creada por personas que trafican con los artículos de primera necesidad para acapararlos y venderlos a precios especulativos (llamados popularmente “bachaqueros”).

Coincidiendo con una merma sustancial del poder de convocatoria de la MUD, la estrategia insurreccional, en las últimas semanas, ha pasado a una escala de claro enfrentamiento que ha incorporado ataques a instalaciones militares, bombardeos al poder judicial y al Ministerio del Interior, actuación de las patrullas paramilitares, y destrucción de las redes de abastecimiento de alimentos y salud a la población con el objeto de sitiar las principales capitales.

Esto es una confrontación, de alta carga simbólica, donde se compite por marcar las expectativas y alcanzar la credibilidad. La convocatoria de la Constituyente, logró moverle el piso a esta asonada.

La Constituyente es un camino al diálogo y a la paz, frente a la opción del oponente que quiere mostrar que la única forma de democracia es la impuesta por la violencia al servicio de las clases dominantes.