Mañana arranca en la Audiencia de Bizkaia el juicio contra cuatro guardias civiles responsables de la detención de Sandra Barrenetxea, por golpes y maltrato sexual. Seis años después, un tribunal con sede en territorio vasco juzga un caso por torturas, archivado en tres ocasiones durante su instrucción y en el que la Fiscalía no acusa.

La Sección Primera de la Audiencia de Bizkaia será escenario durante cuatro jornadas de la vista oral en el proceso que se sigue desde octubre de 2010 contra cuatro guardias civiles, acusados de agresión sexual, torturas y lesiones a Sandra Barrenetxea. Son los responsables de su custodia tanto en los calabozos de Bilbo como en los de Madrid, donde permaneció la joven a lo largo de tres días desde que fue arrestada a las 3.05 de la madrugada del 14 de setiembre en su domicilio de la capital vizcaina, por orden del juez Fernando Grande-Marlaska, en el marco de una operación en la que se detuvo a ocho personas más acusadas de pertenecer a Ekin.

Tras la vista que arranca mañana y finalizará el viernes, el tribunal que conforman Alfonso González Guija, Jesús Agustín Pueyo Rodero y Reyes Goenaga Olaizola deberá resolver si los cuatro guardias civiles cometieron delito. Así lo entiende la acusación particular que promueve Barrenetxea, que solicita 19 años de cárcel para cada uno de los agentes por agresión sexual, torturas y lesiones. Fiscalía, Abogacía del Estado y defensa, por contra, demandan la libre absolución al estimar que los guardias civiles no cometieron ningún delito ni falta.

El maltrato a detenidos vuelve a ser juzgado por un tribunal con sede en territorio vasco después de que, en octubre de 2010, la Audiencia de Gipuzkoa lo hiciese con otros cuatro agentes del instituto militar a los que condenó por torturar a Mattin Sarasola e Igor Portu pero que luego fueron absueltos por el Supremo.

La competencia en Bilbo
El modo en que se llevó a cabo el arresto de Sandra Barrenetxea ha supuesto que la competencia haya recaído en la Audiencia de Bizkaia, al contrario que la inmensa mayoría de las denuncias interpuestas, que se archivaron sin investigación en diversos juzgados de Madrid. Las sucesivas resoluciones del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo condenando al Estado español por obviar sistemáticamente estas denuncias son una consecuencia.

Tras la resolución por parte de la Sala de las cuestiones previas que puedan plantearse por las partes, en la sesión de mañana está previsto que se interrogue a los cuatro guardias civiles que se sentarán en el banquillo. El miércoles se tomará testimonio a la víctima, quien desde su arresto fue llevada a tres registros en Bilbo y Donostia antes de ser trasladada a los calabozos de la Dirección General de la Guardia Civil. Según su relato, desde que subió en Arrigorriaga a un vehículo sin distintivo alguno para realizar el viaje a Madrid comenzó el tormento, que se prolongó en las dependencias del instituto armado.

También en esa segunda jornada del juicio están previstas las testificales de varios de los detenidos en aquella operación y de forenses que reconocieron durante y después a Sandra Barrenetxea, en una vista oral que finalizará el viernes con nuevas pruebas periciales y los informes de las partes.

Después de tres archivos
Esta causa llega finalmente a juicio después de que, en febrero de 2015, la Sección Sexta de la Audiencia de Bizkaia estimase la apelación interpuesta por la defensa de Sandra Barrenetxea contra el tercer archivo decretado por el Juzgado de Instrucción nº 2 de Bilbo. Desde que en octubre de 2010 se presentase la denuncia relatando lo sucedido, la titular del juzgado resolvió el sobreseimiento de la causa en junio de 2012, junio de 2013 y noviembre de 2014.

La Sección Sexta de la Audiencia apuntaba a que en las diligencias practicadas «aparecen indicios que permiten establecer la probabilidad de que los hechos se hubieran producido», por lo que procedía a la imputación y continuar el proceso hasta su resolución. La Sala interpretó que hay «un indicio importante» por el testimonio de la denunciante y los informes médicos que se han ido elaborando a lo largo de la dilatada instrucción, pues no consta que se grabara a la detenida durante el periodo de incomunicación en dependencias de la Guardia Civil en Madrid.

Los magistrados reiteraron argumentos de anteriores apelaciones estimadas. «En los delitos que se producen sin ‘testigos’ y sin el imprescindible control, los indicios objetivos que sean aprehensibles habrán de ser interpretados en el juicio oral», dicen, añadiendo que hay que tomar en cuenta la declaración del abogado de oficio, «que evidencia que no pudo ejercer ningún tipo de control ni siquiera la mínima asistencia a la detenida, con quien no pudo entrevistarse, ni antes ni después de la diligencia».

A este letrado, tal y como se recoge en el auto, «no se le permitió ningún tipo de relación con su cliente, a quien manifiesta ni siquiera vio la cara... que se colocó durante la toma de declaración, en el lugar en que le indicó la Guardia Civil y fue ligeramente detrás de Sandra».

La Sala considera que «no es descartable» que los hechos que se denuncian se produjeran, apostillando que cuando de delitos de maltrato se trata se ha de proseguir con la imputación cuando esa declaración de la víctima «viene ‘avalada’ (en todo o en parte)» por la prueba de la contradicción en la fase instructora. Los magistrados consideraron de gran relevancia el examen sicológico forense de Sandra Barrenetxea, con aplicación del Protocolo de Estambul y otros informes forenses que obran en la causa.

Testimonio de Sandra Barrenetxea «Me dieron una pieza metálica y decían que me la iban a meter por la vagina y el ano»

Todo empezó en el otro coche. Se pusieron a amenazarme y me decían cosas para que recordara la anterior detención. Los dos de atrás empezaron a golpearme, empujarme, gritarme, insultarme,... Yo no dije ni mi nombre y actuaban cada vez más violentamente. Empezaron a tocarme, a proferirme insultos sexistas,... Me levantaron el niki y como me quitaron el sujetador, me quedé con los pechos al aire. Me bajaron los pantalones y las bragas hasta los tobillos, por la fuerza, hasta que me rompieron los pantalones. El de delante me abrió las piernas por la fuerza y mientras tanto el resto continuaban gritando, amenazando y propinándome golpes en la cabeza. No sé en qué momento me dejaron y pude ponerme bien la ropa. No sé si fue antes o después pero entre golpes me hicieron la bolsa dos veces y me pusieron una supuesta pistola en la mano derecha diciendo que era una ‘huérfana’. A intervalos me dejaban en paz para ver si me tranquilizaba, pero enseguida empezaban los golpes, insultos, amenazas, empujones... Las humillaciones y mofas de mi persona, en todo momento. (...) Cuando llegamos a Madrid, me metieron en una sala (la misma que la vez anterior) y allí otra vez golpes, empujones, ejercicio físico, insultos, gritos, me subieron la camiseta y me bajaron los pantalones, posturas forzadas... Me pusieron la parte de arriba del cuerpo encima de una mesa con el culo hacia fuera y me dijeron que me iban a violar. Me echaron agua entre las piernas y empezaron a jugar tocándome el culo con una cuerda.

Gritos y amenazas constantemente. En un momento dado entró el que haría de ‘poli bueno’ y después de amenazarme me dejó vestirme. De ahí me llevaron a otra sala. Teníamos que salir a la calle para ir a los calabozos. Había cámaras pero no estaban encendidas. Ahí el ‘poli bueno’ intentó convencerme para que hablara, me ofreció de todo. Como no hablaba vino ‘Garmendia’. Este empezó desde el primer momento a golpes en la cara y en la cabeza. Me hicieron la bolsa tumbada en la cama, dos me cogían de las piernas y de las manos y el otro me pegaba la bolsa a la cara, así unas tres veces. Me volvieron a amenazar con violarme. Me pusieron una pieza metálica en la mano y me decían que me la iban a meter por la vagina y por el ano. Golpes en la cabeza, posturas forzadas y ejercicios físicos (sentadillas hasta caerme, cuclillas...). De ahí a otra sala. Era de día pero ellos me decían que todavía era de noche. Allí empezaron a golpearme en la cabeza y empecé a decir algo: dónde trabajaba... Me echaban agua por la cabeza y en la cara para que no me durmiera. Gritos y golpes... Al día siguiente, sobre todo, golpes en la cabeza, posturas forzadas (en cuclillas con la manos hacia delante a la altura del pecho), ejercicios físicos (sentadillas), bofetadas y presión psicológica: amenazas, gritos, insultos, risas...

 

(14/03) Los guardias civiles niegan haber torturado a Barrenetxea en la primera sesión del juicio

La vista ha comenzado con el planteamiento de las cuestiones previas de ambas partes. La sala ha rechazado las pruebas documentales y periciales solicitadas por las partes al considerarlas «innecesarias», entre ellas la toma en consideración de informes elaborados por guardias civiles en función de peritos. Además, queda fuera de este proceso la Abogacía del Estado, al reservarse la acusación particular el inicio de acciones civiles por la responsabilidad del Estado en los hechos que supuestamente cometieron funcionarios a su mando.

Posteriormente, han declarado los cuatro guardias encausados, quienes han rechazado responder a las preguntas de la acusación particular ante una sala repleta de compañeros del instituto armado. Jorge Rodríguez Iglesias, José Carlos Arranz Marina, Fernando Huete Chaparro y Ruben Villalba Carnerero han explicado al fiscal y a su abogado su cometido en el operativo, aclarando la función que cada uno de ellos desempeñó.

Todos ellos han negado los extremos que recoge la denuncia de Barrenetxea. Rodríguez Iglesias, Huete Chaparro y Villalba Carnerero han incidido en que su labor fue la custodia de la detenida durante su estancia en la Dirección General de la Guardia Civil mientras que Arranz Marina participó en la detención de Barrenetxea en Bilbo y luego se encargó de su traslado a Madrid. A preguntas de la presidenta de la Sala, el agente ha dicho que fue al lado de la detenida durante su conducción.

 

(15/03) Los cuatro acusados por las torturas a Barrenetxea cumplen con el guión
Los guardias civiles acusados por las torturas a Sandra Barrenetxea negaron en la primera sesión del juicio que se sigue en la Audiencia de Bizkaia maltrato hacia la detenida. Ante un sala repleta de compañeros, dijeron que «el trato fue correcto, como a cualquier otro detenido».

Arrancó en la Sección Primera de la Audiencia de Bizkaia el juicio contra cuatro guardias civiles responsables de la custodia de Sandra Barrenetxea a raíz de su detención en setiembre de 2010 junto a otras ocho personas por su militancia en Ekin, a los que acusa de agresión sexual, torturas y lesiones. Los agentes contaron con el respaldo de alrededor de un centenar de compañeros que ocuparon casi en su totalidad la sala donde se desarrolla la vista oral hasta el viernes.

Lo más destacado de la primera sesión se centró en las cuestiones previas formuladas por las partes, donde la Sala que preside la magistrada Reyes Goenaga Olaizola, acompañada de Alfonso González-Guija Jiménez y Juan Manuel Iruretagoyena Sanz, resolvió que las pruebas documentales y periciales que se pretendían añadir a la causa eran «innecesarias» al estimar que tienen «suficientes» elementos de juicio. Entre ellas, la toma en consideración de informes elaborados por guardias civiles en función de peritos.

Asimismo, al renunciar la acusación particular a reclamar en esta fase del proceso una indemnización por la responsabilidad civil subsidiaria del Estado, queda fuera de la vista oral la abogada del Estado. La Sala, que reconoció que Barrenetxea tiene derecho a ejercitar las acciones civiles o renunciar a las mismas en la vía penal, también apuntó que tiene la posibilidad de hacerlo en la jurisdicción civil cuando lo estime oportuno.

El tribunal avanzó que permitirán que se efectúe esa reserva de acciones civiles «en las conclusiones provisionales y no en las definitivas», como planteaba Macarena Olona, la letrada jefe del Estado en la CAV. Anunció recurso y dijo que solicitará una multa para Jone Goirizelaia, abogada que representa los intereses de Sandra Barrenetxea, por «mala fe procesal».

Resultó curioso, durante la exposición de los motivos para añadir nuevos documentos, que Fiscalía, Abogacía del Estado y defensa de los agentes trataran de desacreditar la propuesta de la acusación particular de incluir informes que desarbolan la tesis policial de que los detenidos reciben órdenes de ETA para denunciar malos tratos, diciendo que se buscaba «convertir el juicio en una causa general sobre la tortura». Informes en sentido contrario fueron los presentados por la defensa de los agentes, lo que llevó a la Sala a rechazarlos.

Una vez resueltas las cuestiones previas, comenzó la vista oral con el interrogatorio a los cuatro guardias civiles, para los que la acusación particular pide penas que suman 19 años de cárcel por agresión sexual, torturas y lesiones mientras Fiscalía y defensa solicitan su libre absolución al estimar que no cometieron delito ni falta.

Sin sorpresas
Todos rechazaron contestar a las preguntas de la acusación. Jorge Rodríguez Iglesias, que dijo haber custodiado a Barrenetxea desde su llegada a la Dirección General de la Guardia Civil hasta que fue puesta a disposición de la Audiencia Nacional, negó el relato de la joven. «Niego absolutamente todos y cada uno de los delitos. El trato fue correcto, como a todos los detenidos, en todo momento», señaló, añadiendo la respuesta de manual de que velaron «por el cumplimiento de todos sus derechos y su seguridad hasta su puesta a disposición judicial».

José Carlos Arranz Marina, que según explicó a la presidenta de la Sala viajó junto a Barrenetxea desde Bilbo a Madrid, afirmó que es «falso» que la desnudaran de cintura para arriba en el traslado «dejándole los pechos al descubierto», tal y como ha manifestado reiteramente la denunciante.

A preguntas del fiscal, Fernando Huete Chaparro dijo no conocer a una persona que Barrenetxea aseguró en su denuncia que llamaban «Garmendia». Este guardia civil, que tuvo contacto con la detenida desde su llegada a las dependencias policiales en Madrid, manifestó que la joven presentaba «el estado que puede tener una persona que lleva toda la noche de registros domiciliarios y un viaje de Bilbao a Madrid, pero nada reseñable respecto a otro tipo de evidencia».

Negó todos los extremos del relato de la denuncia y, al igual que el primero de sus compañeros, comentó que «el trato fue correcto, como a cualquier detenido que hace la Guardia Civil, y en ningún momento hubo ninguna actuación irregular».

En cuanto a Rubén Villalba Carnerero, que tuvo su primer contacto con Sandra Barrenetxea en la toma de manifestación en el cuartel en su calidad de instructor de las diligencias, explicó que la joven «estaba como todas las personas que llevan varios días detenidas: agotada. Pero –añadió– no tengo conocimiento ni de golpes, ni de malos tratos, ni ella dijo nada cuando estaba en presencia del letrado», en referencia al abogado de oficio que acudió para asistirla.

 

(15/03) Sandra Barrenetxea identifica a tres de los guardias civiles como los agentes que la torturaron

La Audiencia de Bizkaia acoge este miércoles la segunda sesión del juicio contra cuatro guardias civiles responsables de la detención de Sandra Barrenetxea, por golpes y maltrato sexual. Barrenetxea ha identificado a tres de los cuatro agentes. «Fue un shock absoluto», ha rememorado mientras relataba vejaciones o prácticas de asfixia con la bolsa.

El juicio contra cuatro guardias civiles, acusados de agresión sexual, torturas y lesiones a Sandra Barrenetxea vivirá hoy su segunda sesión en la Sección Primera de la Audiencia de Bizkaia. Este miércoles esla propia Barrenetxea la que narra al tribunal lo que vivió en 2010, cuando fue detenida acusada de pertenecer a Ekin y durante los días que permaneció incomunicada.

A su llegada a los juzgados Barrenetxea ha estado arropada por decenas de personas que se han concentrado frente a los juzgados, entre los que se encontraba una representación de EH Bildu. Según ha explicado, el trato inicial fue «correcto» pero después comenzó el tormento. «Fue un shock absoluto», recuerda.

Barrenetxea ha relatado que le trasladaron a Madrid en coche, acompañada de cuatro agentes: «Me bajaron los pantalones, se reían de mi, me insultaban...», ha apuntado. Asimismo, ha explicado las prácticas de asfixia que le aplicaron con la bolsa. Cree que fueron los mismos agentes que viajaron con ella en el coche: «Me insultaban, me llamaban puta... Era un caos».

El juicio se ha parado unos minutos cuando Barrenetxea no ha podido continuar con el relato al recordar las amenazas de violación vividas en dependencias de la Guardia Civil. Tras reanudar la narración, ha señalado que el médico forense «no se preocupó» pese a lo que ella le contaba respecto a golpes y amenazas de dejarla estéril. «Para qué le iba a decir al forense que me habían bajado los pantalones, si no era capaz de darme un analgésico», ha matizado.

Uno de los momentos más tensos ha llegado cuando Barrenetxea ha mirado a los cuatro guardias civiles juzgados y ha identificado a tres de ellos, tras lo que ha vuelto a romper a llorar.

«Por lo vivido, es difícil tener un relato completo»

Tras ello, Carlos Aguilar, letrado de los guardias civiles, ha tratado de desacreditar el estado de Barrenetxea tras su detención en 2010. Sin embargo, Barrenetxea ha defendido que sus denuncias «son coherentes», aunque ha reconocido que, por lo vivido, «es difícil tener un relato completo».

Asimismo, ha recordado que «ir a un sicólogo no es un trago fácil. Asumir que no eres capaz de gestionar tú vida», ha subrayado para explicar su calvario. Pese a ello, ha destacado que mo sabe de dónde sacó las fuerzas para negarse a declarar en comisaría. «No quería estar en la cárcel 20 años como me habían amenazado».

La sesión ha seguido con la declaración por videoconferencia el abogado de oficio que asistió a Barrenetxea en dependencias de la Guardia Civil, cuando estaba incomunicada. No habló con la detenida ni en las dependencias de la Guardia Civil ni en su asistencia en la Audiencia Nacional española.

 

(16/03) El forense reconoce que Barrenetxea le relató torturas, pero no observó «muestras de ello»
La tercera jornada del juicio contra cuatro guardias civiles por torturas a Sandra Barrenetxea se ha limitado a la declaración del forense que asistió a la detenida en los calabozos de la Dirección General de la Guardia Civil y en la Audiencia Nacional. El médico ha reconocido que Barrenetxea le dijo que había sufrido maltrato pero que no encontró «muestras de ello en el rostro, ni en sus pupilas».

La Audiencia de Bizkaia ha acogido hoy la tercera jornada del juicio contra cuatro guardias civiles por torturas a Sandra Barrenetxea. La sesión se ha limitado a la declaración a través de videoconferencia del forense Juan Miguel Monge Pérez, que asistió a la detenida en los calabozos de la Guardia Civil y Audiencia Nacional.

El forense ha reconocido que Barrenetxea le dijo que había sufrido maltrato. Sin embargo, él no encontró «muestras de ello en el rostro, ni en sus pupilas». El médico ha explicado que efectuó siete informes sobre el estado de la joven, ya que el titular del Juzgado Central de Instrucción nº 3, Fernando Grande-Marlaska, que ordenó la detención contra las nueve personas por su miltancia en Ekin, le instó a visitarle a la mañana y a la tarde.

Monge Pérez, a preguntas de la acusación particular, ha reconocido que Barrenetxea le dijo al verla por primera vez, poco después de que la trasladaran desde Bilbo, que la habían golpeado con la mano abierta en la cabeza, aplicado la bolsa y amenazado con violarla. También que trató de explorarla, pero la arrestada se negó, por lo que no insistió. El forense ha reiterado a cada una de las cuestiones planteadas por la abogado Ana Tudanca que el aspecto que presentaba Sandra Barrenetxea era «normal». «Estaba consciente y orientada», ha respondido.

El fiscal le ha interpelado sobre si encontró en los exámenes realizados a la detenida signos de que hubieran tratado de asfixiarla con la bolsa. «Si hubiese algún signo lesivo lo hubiera reflejado en los informes», ha apuntado. El forense ha manifestado que no encontró huellas del maltrato que le relataba la detenida y que Barrenetxea «era muy consciente de la situación».

El letrado de los guardias civiles, Carlos Aguilar, ha preguntado al forense de la Audiencia Nacional si apreció que la detenida estaba sufriendo alguna crisis de ansiedad cuando la visitó, lo que Juan Miguel Monge Pérez ha negado. Respecto a las quejas de Barrenetxea por el dolor que tenía en el cuello a raíz de los golpes y posiciones forzadas que sufrió, el perito ha dicho que no encontró ningún signo y que disponía de una movilidad normal.